Si bien es cierto, como dice el autor que la educación se ha convertido en la mayor empresa de nuestra sociedad, con el fin de fomentar el crecimiento intelectual y personal de los niños, deja entrever que el proceso de lectura experimenta en el niño un grado de avance pedagógico para entender la forma de comunicación oral que tiene el adulto dependiendo de su propia capacidad de comprender, utilizar y disfrutar el lenguaje y asimismo como el maestro le presente la lectura y la literatura.
El proceso de aprender a leer en los niños puede acontecer que sea lento, acelerado o proporcional para unos o para otros, ya que, depende fundamentalmente de la forma en que los padres se comunican con los niños desde que nacen hasta antes de entrar al jardín infantil, porque así como hay niños que aprenden por si mismos el proceso de leer, existen otros a los que se les dificulta a gran escala.
Estoy de acuerdo que repetir palabras sin sentido solo aplica para ayudar a memorizar, pero para comprender lo que se lee es necesario darle un sentido pedagógico adecuado con textos de contenido significativo y la aptitud para asimilar lo aprendido dependiendo del maestro y la habilidad para hacer divertido el arte de leer.
Un punto alarmante del que habla el autor es el hecho de que el maestro está obligado a condicionarse a libros de lectura que contienen una aglomeración de palabras repetidas sin cesar que pretenden ser historias, aunque no lo son, debido a que estos libros se los dan a los educadores las editoriales para que enseñen a leer. Por lo tanto, a los docentes no les gustan pero se ven obligados a usarlos para poder pasar su año académico.
Se evidencia entonces, que los maestros tienen el pensamiento de aplicar libros cuyo contenido no les importa, ya que, su único fin es para desarrollar las habilidades lectoras tales como fonemas, la capacidad de descifrar palabras y entender lo que se lee, por lo que esto lleva a que los maestros no crean que saber leer sea sinónimo de entender lo que se lee, conceptos que no brindan un apoyo educativo firme y veraz.
Todo lo anterior se debe al sistema de educación actual que mantiene una línea de aprendizaje que no permite bridarle al alumno desde el jardín, textos que lleven al niño a imaginar, soñar e idealizar conceptos que permitan desarrollar la habilidad de leer y comprender lo que el texto pretende informar, como también, temas de interés real, cosas cotidianas que el niño pueda identificar y analizar para ser una mejor persona, no mejor estudiante, ahí el detalle de educar a alguien para el mañana.
Es entonces cierto que en lugar de concentrarse en desarrollar las habilidades lectoras, los esfuerzos pedagógicos se concentraran desde un principio en desarrollar el deseo de formarse en esencia como una actitud interior ante la lectura. Por lo tanto el resultado final sería el calificativo instruido.
El problema a tratar es cómo se puede hacer sentir mejor a los niños en cuanto a los elementos utilizados para captar su atención, ya que, los textos actuales traen menos palabras que antes para desarrollar esta habilidad, por considerarla una estrategia para aprender a leer produciendo en los niños aburrimiento y desinterés.
Cómo contrarrestarlo para que sean personas instruidas determina que factores como la riqueza del vocabulario, su inteligencia, su curiosidad natural, su ansia de aprender como nuevas palabras, su deseo de desarrollar la mente y su comprensión del mundo y su ávido deseo de que se estimule su imaginación hacen parte importante de generar otra forma de aprender a leer con interés habido.
No es de negar lo aportado por el autor al referirse en los siguientes términos a la lectura: “Hoy día parece que nuestro sistema de enseñar a leer considera al niño cinco veces más idiota y cinco veces más idiota y cinco veces más incapaz de pensar que hace unos cien años”.
Es de aportar que los niños son muy habilidosos y toman el conocimiento a través del juego, de los dibujos de las palabras comerciales sobre cualquier producto o sobre lo que más le llaman la atención, estas convergen en una situación de aprendizaje que hacen modificar al niño hacia un interés intrínseco de aprender a leer mediante textos con gran contenido en vocabulario y significado para una población infantil muy acelerada y optimista del saber que se aplica al lema leer para aprender a leer.
Para mejorar el proceso de aprendizaje en la lectura es de suma importancia los aspectos técnicos de aprender a leer, los cuales deberían quedar claramente separados de la introducción del niño a la literatura, desde el principio el niño debe aprender desde su deseo espontaneo para acceder al lenguaje escrito, es decir leer por sí mismo libros de interés personal, puesto que a los niños que adquieren gran interés por la lectura en casa se les facilita leer en la escuela, lo que lleva a buenos lectores.
Se debe alternar la mejor opción; la escuela y el libro de texto son los elementos necesarios para aprender a leer.
Milányela Camacho Arenas



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