La estrategia
Era un domingo como tantos otros solitario, adormecido por la soledad que rodeaba el ambiente, el aire sereno de la tarde apuntaba a continuar allí sentada frente al televisor sin mover tan siquiera mi cabeza, ironía tal que no me imaginaba yo que más adelante estaría moviendo algo más que solo una parte de mi cuerpo.
Hay días en los que se levanta con ganas de hacer nada como si el cerebro se programara automáticamente para el ocio y diera órdenes al cuerpo de quedarse inmóvil, sin fuerza, ahí como una matera que contiene un arbusto seco por el olvido. Sin embargo la vida es un devenir de sucesos y de repente, de un momento a otro puede cambiar un día aburrido a un día muy enérgico y vigoroso. Así como el clima cambia continuamente y hay días en que la mañana está oscura, en cambio en la tarde puede resplandecer el sol más llamativo y dorado antes visto, asimismo cambiaba mi día de un opaco momento a una esplendorosa aventura.
La aventura había comenzado tan pronto di un paso por fuera de mi casa, pues empezaba a hacer cosas que antes jamás imaginaba como por ejemplo recorrer una distancia de más de 100 metros en moto, pero ya que había tomado la decisión de seguir la cuerda del gran suceso tenía que asumir todos los requisitos, así que, con un poco de temor pero con mucha expectativa recibo los implementos de seguridad poniendo el casco en mi cabeza con un tono de burla, pues me veía un poco graciosa con éste y abrochando el chaleco que además de poseer visibilidad a los peatones también me permitiría protegerme un poco del frío, pues la distancia por recorrer era larga y teniendo en cuenta que pasaríamos por autopistas supuse que la velocidad no sería muy lenta, así que abrocho mi chaleco y subo a la moto poco a poco como si uno de mis pies todavía quisiera permanecer sobre la tierra, lo cual notó mi piloto, por lo que me dijo "agárrate duro, yo siempre hago esto y soy muy bueno" al notar la modestia de mi amigo sonreí un poco y seguí sus instrucciones.
Durante todo el camino siempre en mi cabeza existía la duda la incertidumbre. El viento golpeaba mis ojos que era lo único que quedaba al descubierto, y hacía que se bajaran lágrimas, lagrimas que causaban burla en mis compañeros pero sobre todo en el piloto pues decían que esto solo le ocurría a “los novatos”.
Seguíamos nuestro camino cada vez más rápido, pues la condiciones de la vía lo meritaban, por mi parte, ya me estaba acostumbrando un poco, pero la velocidad no sería a lo único que tendría que acostumbrarme pues en un repentino momento empiezo a sentir como ciertas gotas golpeaban mi casco haciendo un molesto e indeseado sonido, efectivamente, empezaba a llover y no cualquier llovizna, las nubes parecían llenarse cada vez más de agua ,pues, cada vez con más intensidad caía y caía lluvia, las carreteras parecían ríos y los relámpagos hacían que mis ojos parecieran dos grandes cámaras fotográficas con el flash incorporado y tratando de captar los mejores enfoques, yo no quería continuar, pero el piloto me decía “ poco a poco te vas acostumbrando a la lluvia, viajar así es mucho más divertido, fresca ya casi llegamos”. Solo me quedó esperar. Tal vez hubiese sido mejor quedarme en casa.
“ya es hora, vengan a ponerse los trajes, pilas tienen que estar pilas a las instrucciones, el tiempo va a empezar a correr” despierto de mi retrospección y entonces escucho atentamente, “mientras estén fuera del campo no se apunten puede ser peligroso, ocúltense tan pronto puedan y trabajen en grupo, cuando escuchen la sirena ya tendrán que tener su estrategia planificada” yo cada vez me asustaba más, miraba a mi alrededor y solo veía obstáculos, cuando entramos al campo, nos agrupamos por colores. El líder del grupo nos empezó a dividir “la idea es invadirlos a ellos, así que tenemos que ir avanzando, tan pronto suene la sirena buscan la trinchera cada uno y empiezan a disparar, con cautela para que no acaben la municiones tan rápido, dos de ustedes no disparan” los nervios invadían mi cuerpo, pensé esto es algo serio. “la idea es que no sepan dónde estamos todos, así que los que no disparan se van acercando poco a poco a ellos, que nosotros los cubrimos” en mi cabeza pensaba: que no sea yo uno de aquellos dos “no se pueden dejar pillar, porque entonces perdemos todo lo planeado” que no sea yo, que no sea yo repetía en mi mente una y otra vez, como una grabación de CD rayado. Solo pude respirar profundo por un momento cuando escuché mi ubicación y no era uno de aquellos. Así que sonó la sirena y permanecí en la trinchera pues mi posición era cuidar el lugar de partida para que no lo invadieran.
Yo observaba desde un hueco, y escuchaba como las balas retumbaban en las latas que me protegían al rito del latido de mi corazón que cada vez se hacía más fuerte, “cúbrame, cúbrame” me grita uno de mis lanzas yo trataba de disparar y poco a poco cada uno lograba avanzar más, pero los enemigos disparaban muy certeramente, yo escuchaba los gritos de los tiros atinados y sentía más temor de salir. Pero como yo desde donde estaba veía todo, descubro que a uno de los míos lo iban a encañonar y había tres de ellos entretenidos allí, entonces, decido salir y dar la vuelta al campo tratando de esquivar las balas en los obstáculos y logro llegar a ellos, por detrás e inmovilizarlos.
Cuando pensé que todo estaba controlado escucho un grito “por detráss” cuando volteo siento un quemonaso que recorría toda mi mano como fulgurantes relámpagos aquellos del viaje y entonces suelto el arma “perdiste jeje” dice el protagonista de mi eliminación sonrío un poco y pienso: menos mal esto es solo un juego, debe ser terrible para los militares el enfrentamiento. Probablemente no vuelva a jugar paintball. Salgo del campo eliminada mientras mis amigos continúan en el juego. No se sabe hasta cuando se pueda llegar cuando el miedo y la adrenalina recorre tu cuerpo, para hacer una buena estrategia se necesita trabajar en equipo y cuando no hay opción sacrificarte por tus lanzas.
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